Los complementos de percusión en el flamenco.
Cuando los percusionistas nos subimos a un escenario lo hacemos para acompañar, para aguantar el tiempo o “tempo”, para incidir en una mayor y menor intensidad, para apoyar las entradas y los cierres del baile, del cante, del toque y un sinfín de cosas. Una de los aspectos que más riqueza dan a la música son los detalles, que incluso a veces marcan la diferencia entre una pieza bien rematada y cuidada y otra que, a pesar de ser buena, no “queda redonda”.
La preocupación por los detalles se traduce en unos buenos arreglos que, en el caso de la percusión, muchas veces se convierte en labor de los complementos. Al igual que una persona bien arreglada se preocupa de llevar unos complementos adecuados y conjuntados también ocurre así en la música y por supuesto en el Flamenco.
Un complemento es una cosa que se añade a otra para hacerla íntegra o perfecta, es decir, se trata de un detalle que se añade a la estructura general para que esté completa.
En el caso del flamenco, la percusión no sólo se reduce al cajón sino que hay muchísimos detalles que pueden ser interpretados con otros instrumentos que no son el cajón. Evidentemente el peso de la percusión lo tiene él, aunque bien cierto es que otras veces se recurre a otros tambores para llevar la voz cantante en un tema. De esto se deduce que el calificar de “complemento” a un instrumento es muy relativo porque, por ejemplo, una maraca puede hacer la introducción de unos tangos flamencos para luego dar paso al cajón y, sin embargo, hay rumbas en las que sólo se tocan unas maracas y una clave cubana de manera que la percusión principal son éstas.